La devaluación de la moneda, ejecutada
por el Gabinete Económico del Gobierno, está asociada básicamente a cuadrar las
cuentas del estado (déficit fiscal), debido a que el gasto público se ha
incrementado durante los últimos años, permitiéndole de esta manera obtener más
bolívares, con las misma cantidad de dólares que provienen de los ingresos
petroleros; ahora bien, el impacto que tiene esta decisión estratégica afecta a
la mayoría de los sectores en el país. Para
la industria farmacéutica que es un área neurálgica para la población,
debido que el costo de los medicamentos cada día se van encareciendo por el
aumento del dólar, que es único mecanismo que se requiere para poder traer los
insumos necesarios para fabricar las medicinas y los medicamentos no producidos
en el territorio; por su parte el sector
de alimentación no está exento de la medida por cuanto se nota el desabastecimiento
de productos alimenticios en todas las regiones, una semana aparece un producto
y la otra desparecen tres; es consecuencia pues del efecto de la depreciación de la moneda, provocando
un alza de los precios, que depende enormemente de las importaciones realizada
por el Gobierno a través del extinto Sistema de Transacciones con Títulos en
Moneda Extranjera (SITME).
Una economía no puede generar
crecimiento y desarrollo con excesivos controles en los precios y en el
dólar, no permitiendo que la oferta y demanda de los productos y de los
servicios y sus precios sean determinadas por el mercado, por el contrario el
Gobierno los regula a través de instrumentos legales publicados en gacetas. En
ese mismo contexto, la devaluación deprecia los ingresos que reciben los
ciudadanos por el cobro del sueldo, es decir, sus ingresos no van a cubrir
los gastos familiares, y en consecuencia pierden poder adquisitivo.
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